Redaccion: Philatinos Media Filadelfia, Pa. Julio 14 2026 | Suspiro por verte! Podcast
En una emotiva emisión del programa Suspiro por Verte!, Socorro y Edgar Ramírez conversan con Dionisio «Nicho» Ortiz Hernández, migrante originario de Santa Catalina Chinango, Oaxaca. A través de entrañables recuerdos de infancia —desde el pastoreo de chivos y las legendarias parteras del pueblo hasta las aulas de la Escuela Primaria Revolución— y los desafíos de radicar más de dos décadas en la costa este de Estados Unidos, este episodio retrata la resiliencia, la memoria colectiva y el pulso inquebrantable de la diáspora oaxaqueña.
Raíces profundas: Infancia, parterías y tradiciones en Chinango
El relato de Dionisio Ortiz nos transporta de inmediato a los paisajes y costumbres de Santa Catalina Chinango, un territorio donde el tejido comunitario y los lazos familiares definen la identidad de cada habitante. Entre risas y anécdotas compartidas con sus primos, Nicho recordó las mañanas frías acompañadas por la música de radio y el esfuerzo cotidiano de sus padres, don Venancio Ortiz y doña Eugenia Hernandez.
Un pilar fundamental en la memoria colectiva del pueblo recordado durante la charla fue la figura de la abuela Chonita, una partera tradicional cuya labor trascendió las fronteras de Chinango, asistiendo nacimientos en comunidades vecinas como San Juan Yolotepec, Acaquizapan o Tutitlán con una precisión y memoria admirables. Asimismo, las travesuras infantiles, los baños en el río a la altura de la presa de don Mauro Osorio y el cuidado del ganado forman parte del mosaico cultural que todo migrante lleva grabado en la memoria.
«Nosotros como inmigrantes movemos casi… si no nos movemos el mundo tampoco no se mueve.»
— Dionisio «Nicho» Ortiz Hernández
El salto a la ciudad y el camino hacia la Unión Americana
Como ocurre con miles de jóvenes oaxaqueños, la búsqueda de superación académica y económica marcó la transición de la infancia rural a la vida en Huajuapan de León, donde cursó la secundaria y la preparatoria (Prepa 3). Sin embargo, la necesidad y la inquietud por encontrar nuevos horizontes lo llevaron a cruzar fronteras a finales de la década de los noventa.
Tras una breve estancia en Puebla, Dionisio emprendió el viaje hacia el norte, llegando a Nueva Jersey, estado donde ha consolidado su vida durante las últimas dos décadas desempeñándose en diversos oficios dentro de la industria de la hospitalidad y la gastronomía.
La realidad migratoria: Entre el trabajo duro y la añoranza
La conversación también abrió espacio para una reflexión profunda y sin filtros sobre el costo de la vida estadounidense. Lejos del mito del éxito instantáneo, Nicho describió el ritmo absorbente del sistema laboral norteamericano, donde el esfuerzo constante a menudo se traduce en aislamiento y exigencias fiscales severas.
«Entre uno más trabaja y más nos chingan… el sistema aquí es para joder, y el que no aguanta, pues fracasa. Pero uno como inmigrante siempre lleva al pueblo en el pensamiento.»
— Dionisio «Nicho» Ortiz Hernández
A pesar de los años transcurridos y de la pesada rutina diaria, el lazo con las raíces se mantiene vivo a través de pequeños detalles: desde el reencuentro virtual con paisanos y familiares hasta el recuerdo entrañable de los sabores tradicionales, como los quelites silvestres recolectados en el campo y los platillos tradicionales que sanan, aunque sea por un momento, la nostalgia del terruño.
La historia de Dionisio «Nicho» Ortiz es el espejo de miles de oaxaqueños en Estados Unidos: hombres y mujeres que sostienen la economía global con su esfuerzo diario sin renunciar jamás a su identidad. Espacios como Suspiro por Verte! reafirman la importancia de tejer redes comunitarias, preservar la memoria oral y mantener encendida la chispa de la hermandad entre quienes radican en la Unión Americana y quienes cuidan las raíces en Oaxaca.








